viernes, 4 de julio de 2014


RESPONSABILIDAD SOCIAL EMPRESARIAL

Perspectivas de futuro de la responsabilidad social empresarial desde la óptica de las administraciones públicas, y privadas


Aunque en muchas ocasiones, los conceptos de responsabilidad social empresarial (RSE) o corporativa (RSC) y desarrollo sostenible, se utilizan de manera indistinta, y existe un acuerdo sobre la cercana relación entre ambos términos, lo cierto es que son conceptos bastantes distintos.
El desarrollo sostenible implica abordar factores económicos, sociales y ambientales con objetivos a nivel global, como son la eliminación de la pobreza, la consecución de la salud para todos, etc. La responsabilidad social pone su centro de interés en la organización, en la empresa, no en el mundo. Sin embargo, tiene un vínculo cercano con el desarrollo sostenible debido a que el objetivo general de la responsabilidad social de una organización debería ser contribuir al desarrollo sostenible.
Aquellas empresas que establecen la responsabilidad social empresarial en sus estructuras son más sensibles en temas como el medio ambiente, problemas sociales o económicos. Ellas pueden contribuir a la búsqueda de un desarrollo basado en la sostenibilidad, satisfaciendo las expectativas que los consumidores poseen  sobre su actuación.
Cada día es mayor el empuje por la cultura de la responsabilidad social de las empresas y por la generalización de su aplicación, tanto en las grandes empresas multinacionales, como en las PYMES y en la propia Administración Pública. Ello se debe a que la sociedad en general ahora exige comportamientos éticos a las organizaciones que tan sólo hace unos años se limitaban a planteamientos teóricos. La empresa como operador de mercado ha tomado conciencia  de la responsabilidad que tiene frente a sus grupos de interés. Por ejemplo, atendiendo expectativas de los consumidores  y clientes, con productos socialmente responsables, o seleccionando proveedores, a los que también se les exige criterios éticos en sus procesos productivos, dando respuesta a los empleados que negocian un reparto equitativo de valor añadido generado, y que exigen no perder su cuota de participación, o bien, el establecimiento de condiciones de seguridad y de respeto al medio ambiente en sus lugares de trabajo. Finalmente, teniendo en cuenta a los ciudadanos que esperan de las compañías la asunción de un compromiso social, contribuyendo a crear una sociedad más sostenible en su desarrollo.

De hecho, tanto las grandes empresas como las PYMES, van asumiendo progresivamente responsabilidades dentro de la sociedad, con acciones que  trascienden más allá de su propia actividad económica con la finalidad de ser legitimadas socialmente, es decir, perciben a una ciudadanía corporativa que es capaz de castigar a aquellas empresas centradas únicamente en la obtención de beneficios económicos y que dan la espalda a conductas éticas y socialmente responsables desde el punto de vista medioambiental.
A esta situación han contribuido múltiples factores como la globalización de la economía, la aparición de la conciencia medioambiental o recientemente la crisis económica que estamos atravesando, índices todos ellos que revelan no sólo una mayor transparencia en la información de la empresa mediante la publicación de memorias de sostenibilidad sino la puesta en práctica de acciones responsables que trascienden de la mera transparencia o información.
Uno de los asuntos más sobresalientes de la agenda de la Cumbre Mundial sobre desarrollo sostenible de Johannesburgo 2002 fue, precisamente, la responsabilidad social corporativa. El término que desarrollaremos más abajo, se refiere a la adopción por parte de las empresas de políticas formales en los ámbitos social, económico y medioambiental y la transparencia informativa sobre los resultados obtenidos.
 Origen y concepto de la Responsabilidad Social Empresarial (RSE)
La responsabilidad social empresarial también conocida como responsabilidad social corporativa constituye un concepto que no posee una definición única porque depende del contexto en que se utilice. Sin embargo si existen algunos puntos que aparecen mencionados en la mayoría de las definiciones y los textos sobre esta cuestión (ISO 2004): es un concepto voluntario y contempla actividades que van más allá de las obligaciones legales.
Con este término se busca dar respuesta y satisfacción a las expectativas o demandas que la sociedad espera de las empresas. La RSE en ningún caso se debe confundir con acciones filantrópicas casuales que no se relacionan con los objetivos estratégicos de la organización ni tampoco como una estrategia de marketing sino que se integra en la estructura de la empresa, en todos los procesos y abarcando todas las decisiones que adopta. La RSE es mucho que más que acción social; es medio ambiente, ética,  transparencia,  desarrollo,  integración,  accesibilidad, e innovación social.
Entendemos por responsabilidad social empresarial, la filosofía que asume voluntariamente una organización en su compromiso de contribuir hacia el desarrollo sostenible y en el que se integran aspectos sociales, medioambientales y económicos en sus estrategias y toma de decisiones.
La puesta en práctica por parte de las empresas requiere un estudio detallado que debe formar parte de su plan estratégico y que  variará en función de múltiples parámetros, entre otros el sector en el que desarrolle su actividad, el tamaño o las áreas geográficas en donde esté operando. Es decir, la RSE significa una nueva forma de gestión en la empresa, que forma parte de la estrategia del negocio y afecta a todo tipo de organizaciones incluidas las PYMES, no obstante los mismos principios que se aplican a las grandes empresas no tienen por que aplicarse a las PYMES.
Debe quedar claro que la RSE se opone a prácticas tales como la “obsolescencia programada” seguida por muchas empresas que en los tiempos actuales se definen como socialmente responsables y que denota la flagrante contradicción entre ambos modelos empresariales.
La obsolescencia programada supone la planificación consciente por parte del fabricante de un producto, de la vida útil del mismo de modo que pierde funcionalidad, calidad o utilidad tras un período determinado por motivos comerciales.
Para VALDÉS DE LA VEGA, concurren varios “detonantes” en la aparición de prácticas de Responsabilidad Social Empresarial que se encuentran interactuando unos con otros. Así, se refiere a la imagen y reputación empresarial (que compartimos plenamente, ya que una empresa socialmente responsable proyecta una mejor valoración hacia el exterior que es percibida por los consumidores) y de las presiones externas e internas. Como ejemplo de las primeras cita a las ONG´s, presiones de los inversionistas y como ejemplo de las segundas, las demandas de los trabajadores y de los comités de empresa.
Por otra parte, VIVES, afirma que la responsabilidad social empresarial, consiste en:
"…prácticas de la corporación que, como parte de la estrategia corporativa, en complementariedad y apoyo de las más importantes actividades empresariales, busca evitar daño y promover el bienestar de "stakeholders" (clientes, proveedores, empleados, fuentes financieras, la comunidad, el gobierno y el medio ambiente); a través de cumplir con reglas, regulaciones y voluntariamente ir más allá de ellas".
La responsabilidad social empresarial supone por consiguiente, que la empresa se oriente no solo hacia la maximización de los beneficios económicos, sino también al bienestar social y protección ambiental. Los indicadores que hacen de una empresa socialmente responsable, se analizan tanto en cuanto a las actividades externas como internas; en este sentido adquieren relevancia aspectos tales, como la calidad de los productos y servicios que se ofertan, la creación de empleos, la dimensión ambiental, la salud y seguridad laboral, y los programas de promoción o comunicación a través de los medios.
Además de contribuir a la sociedad, a la conservación y protección de los recursos naturales y al medio ambiente en general, la responsabilidad social empresarial tiene también múltiples ventajas para la empresa pues representa una inversión que repercute en beneficios financieros, produciendo retornos en utilidades a largo y mediano plazo. También favorece la confianza, refuerza la cultura de la empresa y hace corresponsables de la misma a los trabajadores, lo cual permite que aumente la motivación hacia el trabajo. Además, la empresa adquiere una buena imagen lo que se traduce en el apoyo de la sociedad y así como de las Administraciones mediante el reconocimiento de premios o incentivos fiscales.
III. La RSE: un “peldaño” más sobre el cumplimiento de la Ley. ¿Necesidad de una regulación jurídico-administrativa coordinada?
La RSE engloba como hemos apuntado anteriormente distintos aspectos (económico, social/ética y medioambiental) y todos ellos tratan de ofrecer argumentaciones sólidas para justificar la necesidad de introducir aspectos de la RSE en la gestión empresarial.
A día de hoy ya casi nadie duda que la RSE no es exclusiva de las empresas sino que también transciende al ámbito de las Administraciones Públicas. Es decir, algunos temas relacionados con la RSE no son sólo de carácter privado sino que entran en el terreno de lo público, tales como el deterioro medioambiental, la educación, sanidad e higiene, etc.
Facilitar la cooperación entre diferentes grupos de interés de la empresa o la identificación de soluciones prácticas a los problemas a través de diálogos, así como informar, motivar e incentivar la participación de otras empresas en los programas de responsabilidad empresarial, son algunos de los temas centrales que se enuncian en el Pacto Global, que además contiene nueve principios relacionados con los derechos humanos, los estándares laborales y el medio ambiente; que establecen pautas de comportamiento responsable de la empresa.
Los poderes públicos deben respaldar la iniciativa voluntaria de las empresas mediante políticas adecuadas que fomenten este cambio social empresarial, “reconozcan” a las empresas que se comportan de forma socialmente responsable y les “premien” ya sea mediante licitaciones, créditos a la exportación, sellos de reconocimiento, mejoras de aspectos fiscales, creación de premios , etc.
Es por ello por lo que estamos de acuerdo con las tendencias políticas que plantean la conveniencia de regular la responsabilidad social empresarial, esto es, establecer un marco regulador en el que se establezcan unas condiciones mínimas para aquellas empresas que voluntariamente quieren ser socialmente responsables y en el que se establezcan políticas públicas de incentivo o fomento con el fin de introducir mecanismos de control, certificaciones y verificaciones fiables.
Desde nuestro punto de vista, esta regulación supone un paso muy importante del legislador, ya sea estatal o autonómico, en el  reconocimiento a las empresas que voluntariamente son socialmente responsables, es decir, que suben un peldaño más de lo estrictamente exigido por la ley  puesto que el cumplimiento de la normativa vigente no es algo que esté sometido a debate.
El hecho de que se haya tardado en legislar sobre este tema parte del amplio debate que suscita la responsabilidad social empresarial entre voluntariedad versus obligatoriedad. El debate sobre si los gobiernos deberían tener políticas más intervencionistas en RSE es continuo, pero debemos tener claro que la responsabilidad  no es exclusiva de un solo actor. Los ejecutivos de los diversos países cada vez se encaminan más en esa dirección, un claro ejemplo es Francia. Las empresas también reclaman una mayor atención por parte de las Administraciones Públicas a esta materia, sobre todo en fiscalidad.
El recurso a la técnica legislativa está aún por mejorar pero debe ser una intervención de mínimos basada fundamentalmente en políticas de incentivo a las empresas responsables socialmente, como por ejemplo la reducción de la fiscalidad a las empresas que incorporen criterios de RSE, la concesión de premios o un mayor control de la información que publican las empresas, sancionándolas con cuantías elevadas a las que falseen las memorias de sostenibilidad o de RSE.
Las Administraciones públicas tanto a nivel estatal, autonómico, provincial y local tienen un papel regulador que les permite publicar leyes, decretos, resoluciones, reglamentos u ordenanzas pero no es el único medio para promover y facilitar la RSE
Otro medio con el que cuenta la Administración Pública para impulsar y sensibilizar a la ciudadanía sobre RSE es a través de la educación. Con ella se consigue una ciudadanía corporativa capaz de demandar a las empresas que sean responsables socialmente so pena de sufrir un castigo o rechazo social. Es decir, las organizaciones se sentirían muy presionadas por su entorno en la exigencia de responsabilidad social.
En este escenario global, la cooperación pública-privada resulta clave para incentivar el buen desempeño ambiental y social de las empresas, que debería ser una de las metas prioritarias. Por su parte, la transparencia y sencillez de los marcos regulatorios y de los instrumentos de gestión pública y privada también requiere de un trabajo conjunto gobierno-empresa.
La Comisión Europea (CE) hizo pública, en octubre de 2011, la Comunicación que anunciaba la estrategia renovada de la Unión Europea para 2011-2014 en materia de Responsabilidad Social de las Empresas (RSE). La publicación presenta una nueva definición de la RSE, que entiende la misma como “la responsabilidad de las empresas por su impacto en la sociedad” y fija un plan de acción con horizonte 2014 con ocho líneas prioritarias.
La publicación de esta Comunicación ya había sido anunciada previamente en la Estrategia Europea 2020 (en la comunicación de 2010 sobre política industrial y en el Acta del Mercado Único),  y con ella la Comisión pretende “crear condiciones favorables para un crecimiento sostenible, un comportamiento responsable de las empresas y la creación de empleo duradero a medio y largo plazo”.
Dicho texto aporta cambios sustanciales respecto a la última redacción en 2006 y actualiza la definición y el proceso de RSE, explicándolo más profusamente. Ahora se precisa que la RSE es la responsabilidad de la empresa en relación a sus impactos en la sociedad y aclara cómo tiene que llevarse a cabo su introducción en la estrategia de las empresas y la colaboración con los grupos de interés.
La nueva política de RSE propone una agenda de acción para el periodo 2011-2014 que abarca ocho líneas de acción prioritarias:
1) Aumentar la visibilidad de la RSE y difusión de buenas prácticas.
2) La mejora y el seguimiento de los niveles de confianza en las empresas.
3) Mejorar la autorregulación: la Comisión propone trabajar con las empresas y otras organizaciones para desarrollar un código de buenas prácticas.
4) Recompensa de mercado para la mejora de la RSE.
5) Divulgación de la mejora de la información social y medioambiental de la empresa: la nueva política confirma la intención de la Comisión de presentar una nueva propuesta legislativa sobre este tema.
6) Una mayor integración de la RSE en la educación, formación e investigación.
7) Destacar la importancia de las políticas de RSE nacionales y subnacionales: la Comisión invita a los Estados miembros a presentar o actualizar sus propios planes para la promoción de la RSE a mediados de 2012.
8) Alinear mejor los enfoques europeo y global de la RSE
Recientemente, el Parlamento europeo ha aprobado, el 16 de abril de 2014, la Directiva de Infome no financiero por la que se modifican las Directivas 78/660/CEE y 83/349/CEE del Consejo en lo que respecta a la divulgación de información no financiera e información sobre la diversidad en los consejos por parte de determinadas grandes sociedades y determinados grupos. La misma supone un paso cualitativo en materia de RSE ya que las empresas tendrán que informar sobre las políticas, riesgos y resultados respecto a los temas ambientales, sociales y relacionados con los empleados, el respeto de los derechos humanos, así como las cuestiones de lucha contra la corrupción y el soborno, y la diversidad en los consejos de administración.
En nuestro país son muchas y de gran interés las iniciativas que también están siendo llevadas a cabo desde los gobiernos autonómicos y locales, desde la sociedad civil y la universidad.
En los últimos años se ha producido un incremento de estándares, regulaciones, de exigencias del mercado y de los inversores institucionales
En España, la regulación estatal de la RSE se contiene aunque de manera somera en la Ley de Economía Sostenible de 4 de marzo de 2011.
El capítulo VI del Título I de esta ley, concretamente el artículo 39, hace referencia por primera vez en un texto legislativo a la responsabilidad social de las empresas, aunque sin especificar ni prever medidas concretas.
El texto legal establece que, con el objetivo de incentivar a las empresas, organizaciones e instituciones públicas o privadas, especialmente a las pequeñas y medianas y a las empresas individuales, a incorporar o desarrollar políticas de responsabilidad social, las Administraciones Públicas mantendrán una política de promoción de la responsabilidad social, difundiendo su conocimiento y las mejores prácticas existentes y estimulando el estudio y análisis sobre los efectos en materia de competitividad empresarial de las políticas de responsabilidad social
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AUTOR:
María Belén López Donaire                                                                                                   

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